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Ruta de los castaños: De Parauta a Cartajima

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Con la llegada del otoño, el Valle del Genal ofrece un espectáculo de colorido indescriptible, formado por el verdor producido por las primeras lluvias en el monte y la caída de las hojas de los castaños, que  nos regalan un mosaico de tonalidades deslumbrantes, para el disfrute del amante de la naturaleza.

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El sendero es fácil y cómodo, se realiza casi en su totalidad por carriles y sendas bien marcados. Se inicia en Parauta en la Plaza de Salvador Márquez en dirección al río desde la Fuentezuela situada en la umbría del arroyo, visible desde el punto de partida.

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El primer tramo de la ruta discurre por un frondoso bosque de castaños. El camino sigue con un cómodo descenso hasta las cercanía del arroyo de nacimiento, donde contemplaremos terrazas de nogales, alcornoques , madroños, quejigos y zumaqueros. Después nos encontramos con un molino harinero en buen estado de conservación, el Molino del Real.

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A escasos metros llegamos a un sotobosque  de galería con chopos, alisos, álamos y el Arroyo del Riachuelo, tributario del río Genal, que debemos cruzar. A partir de aquí comenzamos el ascenso a Cartajima. Nos adentramos de nuevo en el castañar, contemplando una gran depresión, con la cancha de  Almola y los Riscos de Cartajima, un torcal poco conocido con caprichosas formaciones pétreas.

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Proseguimos ahora en subida entre los omnipresentes castaños que dejan hueco a los alcornoques y ya casi llegando a Cartajima nos veremos gratamente sorprendido por un frondoso castaño conocido como Castaño Arenas con más de 400 años, catalogado en el inventario del patrimonio etnográfico del Valle del Genal.

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FOTOGRAFÍAS

Pepe Valdés

La Cabra Montés

15/11/2008

Quien haya paseado por nuestras sierras y haya tenido la fortuna de encontrarse de cerca con la cabra montés, nunca olvidará la sensación de poder, admiración y respeto que despierta este mamífero salvaje, el de mayor tamaño que se puede encontrar en nuestros espacios naturales.

Macho de Cabra Montés

Macho de Cabra Montés

La cabra montés es un mamífero rumiante de la familia de los Bóvidos. subfamilia Caprinos, siendo una especie muy próxima a la cabra común. Su nombre científico es Capra pyrenaica.La cabra montés de estas sierras (Capra pyrenaica hispánica) alcanza en la cruz 75-8 1 cm de altura en el macho y 64- 69,5 cm en la hembra, siendo su peso de unos 90 kg en el macho y de unos 40 kg en la hembra. La cuerna se mantiene sin interrupción a lo largo de toda la vida, y constituye uno de los elementos más vistosos del acusado dimorfismo sexual externo que muestra la especie. El macho posee unas cuernas muy potentes y extendidas hacia atrás, en forma de lira o espiral más o menos abierta. Presenta una longitud variable según la edad, pudiendo alcanzar casi los 100 cm medida por su parte externa; la hembra posee unos cuernos más cortos (hasta unos 15 cm,), cilíndricos y puntiagudos. El crecimiento, indefinido, queda bien reflejado en la cuerna del macho, formada por porciones definidas o medrones, que representan cada año del animal. Estos medrones suelen ser más o menos anchos, dependiendo de diversos factores ecológicos. La misión de las cuernas es fundamentalmente defensiva u ofensiva y en los machos, cobra especial relevancia durante las rituales luchas nupciales. También son utilizadas para equilibrar las cabriolas que realizan en los tajos.

Hembra de Cabra Montés

Hembra de Cabra Montés

La conformación de las pezuñas tiene una importancia primordial para el desenvolvimiento del animal en los hábitats abruptos que conforman sus áreas de querencias; las palmas y los talones elásticos, pero córneos, les ofrecen gran seguridad para moverse en suelos rocosos y escarpados. Igualmente, la movilidad de estos dos dedos, hace que pueda agarrarse a fisuras o pequeñas crestas del terreno, dando muestras continuamente de un gran dominio del equilibrio y mayor estabilidad.

La cabra montés ocupa todas las zonas de montaña y adyacentes (incluso las áreas cultivadas más bajas), y en general buscan los lugares más inaccesibles y escarpados, especialmente cuando se sienten acosadas por sus enemigos más importantes: los perros asilvestrados y el hombre. Al estar la zona sometida a un intenso pastoreo, la cabra se ve obligada a ocupar los niveles más altos.

Pareja de Cabra Montés

La cabra se distribuye en la Axarquía en todo el arco serrano desde la Sierra de Camarolos hasta los Acantilados de Maro, concentrándose la mayor densidad en las sierras del Parque Natural de Tejeda y Almijara, hecho que justificó en su día la creación de la Reserva Nacional de Caza. Las cabras suelen frecuentar más la vertiente sur de estas sierras (solana), existiendo zonas que son más frecuentadas que otras, llamadas zonas de querencia: barrancos de Almanchares, Bermuza, Alcázar, Imán, y hay zonas por donde la cabra pasa diariamente para la búsqueda de alimentos y de agua, conocidas como lugares de paso. En general todas las sierras de la Axarquía están conectadas, siendo conocidos los movimientos migratorios entre Sierra Tejeda y Sierra de Alhama a través del Boquete de Zafarraya, momento en que son objeto de caza furtiva. Se conoce un movimiento migratorio de las cabras desde estas sierras hacia Sierra Nevada.

En 1999 se contaba con cerca de 2.000 ejemplares (sólo en la vertiente malagueña), es decir, diez veces más de lo que había en 1973, cuando se declaró esta zona Reserva Nacional de Caza. Ello muestra las excelentes condiciones en que se encuentra la especie en esta zona, a la vez que una buena gestión.

La montés suele madurar sexualmente hacia los 2-3 años (la hembra) y a los 4-5 años (el macho). Los machos viejos imponen su experiencia y fuerza frente a los noveles rivales que aparecen cada año.

El celo está íntimamente ligado a la climatología y al fotoperiodo diario. Por lo general, comienzan tras las primeras lluvias otoñales, prolongándose hasta principios del invierno.Durante esta época, las cabras, tanto machos como hembras, se vuelven irascibles y exhiben un nerviosismo inusual. Los machos se disputan las hembras violentamente, siendo los más potentes y mejor dotados, los que cubrirán a la mayoría de los grupos de cabras.

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Tras esta época de celo, las hembras entran en periodo de gestación, deambulando por las zonas medias de las sierras, durante unos 5 meses. El parto tiene lugar durante el mes de Abril-Mayo, y se compone de un choto, aunque a veces puede dar alumbramientos dobles, algo que sólo se da en estas sierras. La hembra se retira a los lugares más apartados, tranquilos y seguros de los barrancos donde habita. Los cabritos gozarán de cuidados maternales durante 5 meses (una lactancia que se compagina con hierba desde el primer mes), manteniéndose acompañados por la hembra hasta los 11 meses, en que empiezan a valerse por sí mismos. A los 4-6 años empiezan a participar del celo y cubrir a las hembras, que tienen su madurez sexual al año y medio, si bien no suelen quedar preñadas hasta los 3 años de edad.

Al estar la época de reproducción ligada íntimamente a la climatología, no hay una época fija para el celo, sino que éste se alarga o se acorta con las lluvias y el frío, haciendo a veces que se produzca en varios ciclos o periodos. Esto traerá consigo que se alargue o se acorte el periodo de parto en las hembras, encontrándonos a veces en una misma manada chotos de un mismo año, pero con notables diferencias en cuanto a su tamaño.

Un bello ejemplar de macho adulto

Un bello ejemplar de macho adulto

La cabra montés es un animal gregario, aunque sus grupos no están muy jerarquizados, formándose dos grupos diferenciados: el más numeroso está constituido por las hembras y los jóvenes hasta los 3 años de edad y el otro lo constituyen los machos, siendo también frecuente la existencia de machos viejos solitarios, no integrados en ningún grupo y que sólo se acercan a los grupos de hembras durante la época de celo. Estos grupos permanecen separados durante todo el año hasta que a principios de la época de celo se reúnen formando grupos numerosos. Pasado este periodo, los machos se agrupan de nuevo, separándose de las hembras para pasar el invierno.

Respecto a la alimentación, las cabras monteses suponen un aprovechamiento de alto rendimiento de los escasos recursos alimenticios de zonas marginales de alta montaña. Su gran potencia digestiva y adaptabilidad alimentaria les permite acceder y hacer asimilable prácticamente cualquier tipo de alimento en épocas de escasez. El alimento varía según la época del año, ingiriendo hojas y tallos tiernos en una proporción más elevada, completándolo con frutos en otoño y con raíces, bases de gramíneas y cortezas de leñosas en invierno.

En cuanto al agua la obtiene de los alimentos, torrentes y manantiales, en algunos casos en cuevas. Y un aporte periódico de sales, que consigue lamiendo algunas rocas de la sierra.

Macho descansando

Texto del Artículo Rafael Yus

G.E.N.A ecologistas en acción

Recopilación fotográfica Axarquía Viva