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Presentación Expo Semana Santa

Presentación de la exposición sobre la Semana Santa de Vélez-Málaga, que se muestra en la Oficina de Turismo de Torre del Mar. En la imágen la concejala de Turismo, acompañada por el presidente de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa, José Antonio Ferrer Moreno, y los fotógrafos Miguel Ángel Castillo, Andrés Gálvez y Pepe Valdés.

La muestra podrá visitarse hasta el 31 de marzo.Horario de visita: De Lunes a Viernes 10-14:00 16:00-20:00 Sabados 11:30-13:30 17:00-19:00

Enfoques

Inauguración expo colectivo Enfoques53_o

cartel ajobacalao

 

VIII CertamenCuaresma

Podéis enviarnos vuestros eventos y fotos al correo:

axarquiaviva@hotmail.es

Axarquiaviva

Retomamos el blog, tras este largo año sabático que nos hemos dado, mostrando un pequeño adelanto de la colección de fotografías antiguas que hemos seleccionado para vosotros y que tanto éxito ha tenido en la red social de Facebook en el grupo “La historia local en fotografías”.

A través de estas fotografías con más de treinta años de antigüedad, vamos a contemplar cómo eran nuestros pueblos, nuestras gentes, nuestros modos de vida, en definitiva de todo aquello que el tiempo se empeña en cambiar, para relegarlo al olvido.

Un fugaz destello de ese tiempo que ya pasó pero que aún conservamos en la retina.

La abuela calentándose al sol

Recogiendo el copo. Benajarafe 1981

Coro juvenil Peña Circulo 81 Torre del Mar

Plaza, Canillas de Aceituno

Paseros de la Axarquía

No podía faltar el gato curioseando en la ventana

La “monda” (Recolección de la caña de azúcar)

Encaje de bolillos

La España de entonces

Manolico el carretero

Las gitanillas de la estación

A todos sitios llegábamos con nuestras bicicletas

¿Y a qué niño no le dieron un escobonazo en el tren de Zapata?

La suerte que yo tenía es que mi caballo era de verdad…

Continuará…

FOTOGRAFÍAS Pepe Valdés

Procesión extraordinaria del Cristo de Medinaceli con motivo del 50 aniversario de su llegada a Vélez-Málaga.

 



Fotografías Pepe Valdés

 

 axarquiaviva@hotmail.es

En el Palacio del Marqués de Beniel de Vélez-Málaga se nos presenta una interesante exposición sobre la “Historia de la Peseta” que permanecerá abierta al público hasta el próximo 29 de enero. La muestra cuenta con monedas originales que van desde la primera acuñación en el año 1869 hasta la última de 2001.

Estas monedas están expuestas en vitrinas y se complementan con paneles, folletos e información adicional para una mejor comprensión del público y sean reconocidos cada uno de los ejemplares para así comprender mejor la historia y evolución de la peseta española a través de los cuatro períodos históricos en que se divide la exposición.

La primera peseta se acuñó en 1869. Una mujer personificando a Hispania yacía recostada sobre los Pirineos y a sus pies el Peñon de Gibraltar, como una matrona sobre las rocas. En el reverso se reproduce el escudo de España. Se realizaron submúltiplos de 1, 2, 5 y 10 céntimos en bronce. En el reverso un león sostiene el escudo de España.

Con la instauracíon de la monarquía se incluirán en los anversos de las monedas las efigies de los monarcas manteniendo en el reverso el escudo de armas de España, con la adición del escusón de las casas reinantes: la cruz de Saboya en el de Amadeo I, y las lises en las de Alfonso XII y XIII y Juan Carlos I. Además se distinguen la fecha de la disposición que ordena la emisión, y  las fechas de acuñación dentro de unas pequeñas estrellas.

El largo reinado de Alfonso XIII propicia la evolución de su efigie monetal, siendo representado en diversas etapas de su vida. Destacan la de 1890 en que aparece su busto con un año de edad, llamado popularmente pelón, o la emisión de 1905 en la que aparece con uniforme militar a los 14 años, llamada “cadete”.

Al segundo año de la proclamación de la República se acuñan las primeras monedas de este periodo, introduciendo motivos basados en el nuevo régimen. Hasta la Segunda Republica las monedas de una peseta fueron acuñadas en plata, siendo la del año 1933 la última. Ante la pérdida de equivalencia entre el valor intrínseco del metal y el valor nominal, se alteran notablemente las emisiones.

En 1925 se emiten los 25 céntimos de cuproniquel que es la primera moneda con perforación central, y que precederá a la del mismo valor republicana de 1934 y la del bando nacionalista de 1937. Este mismo año nace la peseta de latón, conocida popularmente como “la rubia”, por la melena del retrato femenino, cambiándose el metal por una aleación de cuproniquel de color dorado.

Debido a la necesidad de metal para las fábricas de armamento, empieza a imprimirse la peseta de papel que es una moneda fiducitaria, es decir, se basa en la confianza del portador en que el Estado le reintegrará el valor en metal de esa cantidad.

La llegada al poder del general Franco supondrá un cambio de los tipos representativos, con la incorporación de su retrato a las monedas.. En 1939 el régimen franquista retiró de la circulación las monedas de metales preciosos, acuñando monedas de peseta imitando el diseño de otros paises europeos. Fueron fabricadas desde 1944 hasta 1982 y disfrutaron de curso legal hasta 1997. En esta época debido a la inflación se pusieron en circulación monedas de 25, 50 y 100 pesetas.

A partir de 1940, una vez terminada la guerra civil, y para remediar la escasez de los tipos de monedas, se ordena la emisión de los 5 y 10 céntimos, de aluminio casi puro, conocidos como los del “jinete”. En 1944 aparece la peseta del uno, todavía sin la efigie del dictador.  El primer perfil del general aparece en 1947, y en 1953 se pone en circulación la novedosa moneda de 2,50 pesetas.

La primera peseta franquista está fechada en Burgos en 1938. Franco continuó imprimiendo pesetas en papel durante la posguerra. El último billete de peseta lleva la cara del marqués de Santa Cruz y tiene fecha de 22 de julio de 1953. La última peseta de la era franquista es la de 1966 mostrando al general en edad avanzada. En 1977 fueron retiradas las monedas del régimen.

Con la instauración de la monarquía en 1975 y restablecida la democracia en 1978, se realiza una primera emisión de pesetas  con el rostro del monarca mirando a la izquierda, al contrario de las monedas de Franco, y hasta 1980 se conserva en el reverso el escudo preconstitucional.

En 1980 se pone en circulación la peseta conmemorativa del Mundial de Fútbol celebrado en España en 1982, y se actualiza la relación fiducitaria de la peseta, con monedas de aluminio para abaratar el coste de producción. Empiezan a circular también las monedas de 100 pesetas de cuproniquel, “los veinte duros”, y tambíén monedas de 200 y 500 pesetas.

En 1989 comienza la produccion de pesetas de aluminio de 14 mm de diámetro, una de las monedas más pequeñas del mundo. En 1955 se acuña la moneda de 2000, con escasa circulación y prácticamente reservada a coleccionistas. Las pesetas se seguirán fabricando hasta diciembre de 2001. El adiós a la peseta se inicia con la acuñación de la moneda de uso más cotidiana, la de 100 ptas y la conmemorativa de plata de 2000. Ambas reproducen la imágen de Hispania, que encabezó la primera emisión de 1869.

Estas monedas, que en la actualidad no están en circulación, nos muestran una parte de nuestra historia más reciente, siempre ligada a los acontecimientos del momento de su circulación. Han sido testigos de excepción, medios de expresión y vehículos de ideologías de cada uno de los episodios que conforman la historia de nuestro país.

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Continuando con los artículos sobre la pintura de nuestra Comarca, nos detenemos hoy en Antonio Valdés, uno de los pintores veleños más reconocido y laureado del panorama contemporáneo, el más influyente y genuino representante de lo que se ha convenido en denominar escuela veleña de pintura.

Juan Antonio Valdés Gutiérrez nace en Vélez-Málaga el primero de noviembre de 1944. Comienza a trabajar de barbero a los doce años y ensoñando aquellos campos y sus casas encaladas, es como  surge su amor por la pintura. Se declara con cierto orgullo de autodidacta, pero siempre mirando de reojo a los clásicos. Durante los años iniciales como pintor participó en numerosos concursos de Educación y Descanso, en los que obtuvo varios primeros premios. En mayo de 1969, La Buena Sombra, convoca su I Certamen de Pintura, y un accésit vino a premiar un cuadro de Valdés, óleo juzgado por la crítica de buena calidad y técnica.

En diciembre de 1970, la Caja de Ahorros provincial de Málaga, acoge en Vélez su muestra pictórica. ” Su dominio de los blancos es maravilloso. Parece que cada pared de estas encaladas y pequeñas casas andaluzas, cobrase vida propia y formase un cuadro por sí sola, pero el conjunto-y he aquí lo extraordinario-sabe componer esa sencillez acogedora y dulce que tan sólo poseen estos bellos rincones de los pueblecillos malagueños”. Por septiembre del 72, Valdés expone de nuevo en la misma Caja “fino y delicado mosaico, casi de realidad cuarteada”, en opinión de Martín Galán.

Pero es el premio de la La galería Lacayí , en mayo de 1975 el que confirma y descubre al artista.  Un modesto barbero cuyo oficio le inspiró el cuadro “Homenajea la barbería”, que le ha valido el primer premio de pintura. Fue este un auténtico certamen nacional, por el alcance, cantidad y calidad de las obras presentadas. Antonio Valdés acababa de
irrumpir seriamente en el panorama de la pintura malagueña. Por ese tiempo le concedieron el primer premio de Andalucía, lo que venía a realzar la marcha ascendente de su pintura.  En febrero de 1976, la III Bienal Nacional de Pintura y Escultura, convocada por la Real Academia de Bellas artes en San Telmo. premia su óleo titulado “El campo”. Después obtendría el Premio “Moreno Carbonero” del Excmo. Ayuntamiento de Málaga y sería finalista de la Beca Picasso en 1977.

Posteriormente marcha a Madrid y causa en los medios artísticos una verdadera sorpresa. La galería Módena acoge la muestra. Conchita Kindelán escribe en Pueblo: “He aquí a este joven pintor, que por primera vez expone en Madrid y nos deja atónitos. Mezcla de sub e hiperrealista. Malagueño, todo el alma, el ángel, el colorido y el arte de esta tierra, están reunidos en su paleta”. El impacto que originan sus telas es inmenso. “Tan real y bella como su pintura, tan inhumana, como todo lo bello y tan conmovedora, como todo lo real, que nos es difícil describirla”.

Otra opinión de García-Viñolas en el mismo diario: “Pintor a ciencia cierta y por derecho. Su saber pintar, que ya es mucho, ha vivido confiado a la gracia de Dios. Pinta, sencilla y sustanciosamente, lo que ven sus ojos. Es posible que sin esa sustancia que hace trascendente la sencillez de su pintura. El paisaje de Valdés se aploma en un realismo limpio que hace poético el sosiego. Un aire diáfono purifica la atmósfera para que todo manifieste su verdad. Su técnica de pintor es solvente y sabe apretar el dibujo para que nada se desencaje en él.”

Expone en junio de 1978 en la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Martín Galán escribió de esta exposición: “Hay una misteriosa e íntima comunicación entre Valdés y el paisaje urbano y los campos que le cercan que, a través de su corazón, pasan al lienzo para ser devueltos al espectador como el eco amoroso y leve de ese paisaje, esos caseríos o esas viejas casonas aristocráticas, con un “no sé qué”, impalpable tan presente en su obra.

En febrero del siguiente año, Valdés presenta su obra en el Palacio Provincial. Una muestra transformada y diferente de quien ha conseguido el rumbo cierto de una manera de hacer.  Sobre todo quisiera destacar que a Valdés se le ha puesto el sol en su obra, lo que tanto dice en su favor; . Este pintor ha superado, como pocos, el cómodo relatar de tejas y casas, de luces y sombras. Atina a entender que, bajo el sol, dentro de los muros hay ese un “no se qué”, algo que vale la pena desvelar. Y esa oscuridad, esa serenidad de los crepúsculos, tiene revelaciones que hacer.

Y otro mundo de nuevas luces y de nuevas sombras, como si fuera posible ir más adentro, aguardando a que se haga una extraña noche de sienas dorados y de transparencias azules, con un velo de cristal catedralicio. Y así parece que cincelara sobre el atardecer, con fondos pardos, el campo y el pueblo. Y que el aire, aquietado en la piedra, labrara los viejos muros. Valdés amansa el paisaje, se le escapa a lo lírico y convierte en alfombra hasta lo áspero. Desarrolla en el tema un surrealimo engreído, despacioso y detallado, con cierta tendencia al símbolo, tan inevitable en nuestros pintores hijos la más de las veces del resumen y de la fantasía.

Antonio Valdés, considerado como el primero en crear una pintura netamente veleña, no renuncia a sus orígenes en las nuevas composiciones; aún al contrario, libre de condicionamientos restrictivos, da un aire moderno, un cierto precursamiento, a sus interpretaciones veleñas. Nadie como él posee tan original visión plástica de Vélez. Martín Galán diría de estos cuadros en Sur: <<Encontramos en estas recientes obras en Valdés sorpresas en técnicas y materias. Efectivamente, hay algo nuevo en su pintura: pequeñas distorsiones, reflejos y desgarraduras, biselados y cortes, dan un aire distinto a la clásica visión de los temas veleños, que sitúan a Antonio Valdés en algo así como precursor y maestro>

Y vuelve a Málaga en una muestra colectiva de escultura y pintura veleña, que tiene como reunión el Centro Artístico Miramar Arte. De los cuadros de Valdés dijimos en nuestra habitual crónica: “A los temas de Antonio Valdés le entran un misterioso aire que se arremolina de su realismo en el muro o en la esquina. Es aquel sin luz reciente, cuando ya se ha hecho tarde y quedan tonalidades a tientas, que convienen, como gamas dormidas, a ese no irse del todo de las luces nuestras. Tiene su obra un Vélez distinto, sin cal ni ocre de tan fácil recurso en el impresionismo al uso. Es la suya, ya evolucionada, una explicación plástica de cómo puede ser la pared, el aire, la tierra, la luz, sin serlos como lo sabemos. Acaso nos sirva para meditar si es la verdadera aristocracia del paisaje”.

Valdés, escribió Rafael Cortés en  Sur, “une a la sencillez y a la gracia de su pintura toda la fuerza de un espíritu creador, de dominio absoluto del dibujo, del que obtiene la riqueza lineal que florece en sus cuadros, en los que hay una profundidad de estudio luminoso y de valoraciones coloristas, ricamente matizadas”. Valdés, en suma, surrealista por su entrañable capacidad de sueño; intimista, por ese querer refugiarse en el crepúculo de tanto amar la tarde; por incluir tanta soledad, por bregar con el misterio, aunque lo busque más que lo posea. Cuando se renuncia, como ese pintor, a las claridades, es que verá otras donde no las ven los demás”.

El profesor de arte, Palomo Díaz, escribió de Antonio Valdés en su trabajo “Pintores veleños y función crítica”. “Su significado aparente es el paisaje urbano. El verdadero es la historia, la historia recóndita de su pueblo. No ve el motivo, lo sueña. Aunque la tabla se pinte a la claridad de Febo-en un alegato contra el seudoimpresionismo que lo amarra al interior del estudio- que requema campos y casas, es Selene la reina de su cosmografía porque la imaginó de noche. Y la luna dejó en sus ojos su huella húmeda y su luz irreal, cernida y sin foco preciso”.

“Los paisajes de Valdés han surgido de un mar que impregnó gotas de agua en tierras y cielos. Brota el agua renovando el mito de la fecundidad, de la sensualidad dormida en paredes y objetos. Las calles y cosas queridas son las mismas de siempre pero el roce y el uso cotidiano las ha convertido en símbolos surreales de la melancolía. Valdés es otro Orfeo que, tras pasar la estigia luna de azogue, nos ha abierto una puerta al más allá, al arcano y al alma”.

Los significantes, conformes a su código, son de un realismo ordenado y armónico a su concepto. Valdés, aunque recoge las calidades decimonónicas del paisaje y las conquistas oníricas posteriores, trabaja como un cuatrocentista, compartimenta simétricamente los espacios en estancias rítmicas, emplea una perpectiva más simbólica que mecánica y huye del toque ligero efectista y de la luz fugaz. Su modernidad se advierte en la ejecución total del cuadro, sin necesidad de bocetos que, con sufrimiento, va surgiendo desde el lienzo imprimado con suavidad hasta el intimismo del resultado final.

 

Antonio Valdés (izquierda) en una reciente exposición en la Galería Maria Soto

 

Aquí finalizamos el recorrido biográfico de su obra, que continuaremos con una visita a su estudio para conocer sus últimos trabajos.

Antonio Valdés en su estudio.

Obra de Valdés para la exposición colectiva sobre la plancha en la galería María Soto de Torre del Mar que se inauguró el 19 de Marzo.

Galería Benedito
“El Sueño”

Exposición colectiva

Del 24 de septiembre del 2010 al 14 de octubre del 2010

correo electrónico:

antvaldesc@hotmail.com

https://axarquiaviva.wordpress.com

axarquiaviva@hotmail.es

Fotos Valdés

La Axarquía Eremítica y sus piedras misteriosas

Muy cerca de la antigua carretera nacional 340 (dirección Málaga Almería), en el sitio conocido por Valle Niza, perteneciente al término municipal de Vélez Málaga, se encuentra un centro de poder que conserva sobre si, y en buen estado, una de las manifestaciones sacras más antiguas de las culturas mediterráneas. Es el Complejo de Almayate que guarda el conjunto rupestre, eremítico más importante de Andalucía.

En su simplicidad, el hombre malagueño consagró gran parte de su vida a erigir gigantes de piedra que pudieran constituir su reclamo, su protección y su testimonio. Ya se trate de los enormes bloques sensibles colocados en resonancia sobre puntales de granito en dólmenes vibrantes como los de Antequera, o de las piedras-antena hincadas en el suelo de Sierra Tejeda, para que el cielo pueda dar su respuesta equinoccial en su cima.

Fotos Eduardo Arboleda

¿Qué afán tenía el hombre por remover tales masas? ¿Qué pregunta debía formular y qué respuesta recibir por medio de estas piedras que ciertamente la transmitian?
Piedras de culto, piedras dóciles, piedras achatadas, piedras emotivas de sacrificio que la tierra sacó de su seno. Sin la piedra, la vida del hombre hubiera sido prácticamente imposible. La piedra es su lenguaje, señala sus jalones y su orientación. Es también su geografía.

Los eremitas o ermitaños malagueños de Almayate se retiraron a este paraje, apartado, para dedicarse a la contemplación como primera forma de vida religiosa; entregándose a la oración y a la soledad, ocupándose de diversos géneros de penitencias y mortificaciones, sin descuidar en ningún momento la labor de manos para evitar la ociosidad. Su asentamiento comienza con motivo de las primeras persecuciones de los paganos en Andalucía.

Los ermitaños malagueños profesaban las reglas de san Benito, eran verdaderos monjes que habían aprendido, por largas pruebas en el monasterio y con el socorro de muchos a combatir al demonio. Se sentían con bastantes fuerzas para dejar la compañia de sus hermanos y emprender por si solos y sin el socorro ajeno la lucha contra los vicios de la carne y de los pensamientos. Estaban siempre solos, sin permitirseles hablar entre si, ni tampoco criar animales.

foto E.Arboleda

Los más jóvenes ocuparon los lugares más apartados. Levantábanse todos los días del año para recitar maitines a las dos, después de media noche cada uno tocaba la campana de su oratorio, pero con tal orden que se respondían los unos a los otros, de modo que de no hacerlo, al amanecer, el más cercano debía llegarse a la ermita para saber la causa y avisar.

Foto Valdés

Los eremitas de Almayate se infligían mortificaciones varias: algunos se obligaron a vivir siempre de pie y su aislamiento les producía alucinaciones, especialmente los que escogian la celda tapiada de la macrocueva, antiguo templo precristiano. Para estos eremitas o ermitaños sus estados alterados de conciencia, tenían unas dimensiones que superaban la realidad que conocemos cotidiana. La misma realidad de los antiguos malagueños del Complejo de Almayate que hoy empieza, poco a poco, a desvelarnos su secreto.

Eduardo Arboleda Ballén

Antropólogo

Fotografías Pepe Valdés


A mí me llaman Miguiña,
Miguiña por mi guiñar.
Todos comen trabajando
y yo como sin trabajar.

José Martin Ortega “Miguiña”, nació el dia 3 de Abril de 1920 en la calle de la estación de Canillas de Albaida. Hijo de José Martin Perez y María Ortega Extremera. Su padre era un hombre que no se sentía a gusto en el pueblo y por ese motivo pensó en mejorar sus condiciones de vida marchando a Cuba para hacer fortuna.

Su madre era de familia acomodada y tenía un gran talento artístico, tocaba la guitarra y dibujaba. Estas inquietudes artísticas las transmitíó a sus hijo. Durante los cinco años que permaneció su padre en Cuba Miguiña, su hermana que era ciega de nacimiento y su madre vivieron en el pueblo al  amparo de sus familiares.

A los siete años viene a vivir a Vélez, con su tío Francisco Martín, que no tenía hijos y poseía una carbonería en la calle Alcantarilla. Asiste al colegio de los padres franciscanos, un colegio de pago, en el que estudian los hijos de las familias pudientes del pueblo. Es en esta época cuando empiezan a aparecer sus primeros problemas de salud, según su hermana porque rezaba demasiado.

Miguiñas, su madre y su hermana

Lo cierto es que tiene algunos episodios nerviosos y comienza a padecer un tic en la cara que seria la causa de sus apodo. Al parecer una churrera que tenia su negocio cerca de la carbonería de su tío cuando lo veía con el tic decia “mira, me guiña, me guiña”.

Al volver sus padre de Cuba se trasladan con la familia al completo a Vélez donde puso tambien una carbonería. En este tiempo ya comienza a ser considerado como una persona peculiar, algo rara.

El padre de Miguiña en Cuba (1º a la izqda)

La guerra civil le sorprende en Vélez con 16 años, cuando finaliza declarado inútil para el servicio militar por sus problemas de salud, malvive de lo que puede: coge chumbos, caracoles, hierba para el ganado, rebusca patatas y va por los pueblos de la Axarquía ofreciendo sus poesías a cambio de la voluntad de los que le escuchan.

Miguiña y su tío

En una época de control politico y social, Miguiña se atreve a contar sucesos poco agradables para los que mandan y a criticar las hipocresías de la sociedad. Es el Miguiñas más provocador tanto en lo que cuenta como en su forma de vestir, con sus largas melenas, su sombrero y su guitarra.

Durante algún tiempo viaja con el circo de los hermanos Palacios por gran parte de Andalucia. Su trabajo consistía en realizar poemas elogiosos sobre las ciudades que visitaban y sobre los espectadores, improvisando versos.

Despues de mucho viajar, regresa a Vélez donde en los años cincuenta se agrava la inestabilidad y sufre un decaimiento. Dice que ha encontrado un tesoro y que el alcalde y los concejales se han quedado con él.

Miguiñas con traje y corbata

Este comportamiento irrita a los dirigentes municipales a los que llama ladrones cada vez que los ve por la calle. Esta situación le acarreó detenciones y palizas que van agravando aún más su estado de salud. Se dice que escribió una carta al mismísimo Franco denunciando los desmanes de los gobernantes municipales. Asi que lo detuvieron, le cortaron el pelo, le pusieron una camisa de fuerza y la guardia civil se lo llevó en el tren rumbo al manicomio de Málaga.

Este que a  mí me ha pelado

es un cabo de Montilla

aquí el primero que pilla

lo deja más pelao

que al palo de una sombrilla.

Dspués del tratamiento en la institución, empeora su estado de salud. Un taxi lo trae desde Málaga para que muera en su casa. El fallecimiento tuvo lugar en su domicilio de la calle Tras casas capitulares nº 13 el día 5 de Septiembre de 1956.

Redacción y textos Antonio Serralvo


Las cosas de Miguiña

por Juan Fernandez Olmo

En cierta ocasión se acercó a unos albañiles ocupados en la construcción de una modesta casita. Estos albañiles, conociendo el material de obra más cercano, le ofrecieron faena al poeta afincado en Vélez, consistente en que les acercara lajillas, justo lo que no había, Miguiña, contrariado porque no encontraba ninguna a mano, les contestó: Juro por mi dios Apolo, / y jurar no es maravilla. / Me encuentro de peón solo, / a mí me piden lajillas / y solamente hallo bolos.

En sus andanzas de Canillas de Albaida hacia la costa era paso y parada obligatoria de descanso Arenas de Daimalos. En el pueblo los vecinos conocían los apuros para sacar adelante su famélico estómago y, entre otras, visitaba la casa de Julia Martín Díaz. Ella tenía una buena piara de cabras y después de la acostumbrada cortesía de ofrecerle asiento, le preguntaba: ¿Miguiña, quieres un tazón de leche? Si, Julia, y si puede ser migado, mejor.

Cada dos por tres se iba la luz y los apagones eran duraderos, hasta el extremo de que un año, por feria, aparecieron en el libro de festejos los ripios siguientes: Cuándo querrá el Dios del cielo / y la Virgen soberana, / de que estemos alumbrados / de la noche a la mañana. Esta situación inestable del alumbrado, motivó que todas las casas arenuscas dispusieran de un “perico” , de poco consumo de aceite,  obra de los lateros, que de una lata de leche condensada confeccionaban los más dispares utensilios. De ahí viene lo de ” eres más apañá que un jarrillo de lata”. Miguiña miró fijamente el tiesto y lo definió de esta manera: Tú eres ancho de boca / y de puntiagudo hocico. / Qué inteligencia tenía / el que te puso perico / buscando la economía.

Miguiña frecuentaba la serrería de Canillas de Albaida buscando lo que podía, y allí tomó por latiguillo que a la llegada del verano iría a Buenos Aires con una carga de chumbos. Trabajaba al cuidado del corte de las maderas, un aficionado al arte de versificar y de tanto oír a Miguiña lo de Buenos Aires, le compuso: Yo dejo de ser quien soy, / si no sigo con mi rumbo / y me marcho este verano, / en barco o en un convoy, / a Buenos Aires con chumbos. La verdad sea dicha, aquello cogió a contrapié a Miguiña, que no esperaba encontrarse de sopetón los pensamientos, más bien guasones, de aquel novato haciéndole competencia. Tras darse un momento de descanso, conteniendo su enfado, en la imposibilidad de que el otro cumpliera la fanfarronada, contestó con un desafío en son de cáscara: ¡Hola!, buen amigo mío, / y amigo de inteligencia. / No vivas tú preocupado / embarque chumbos o peras / y en esos mares se pierdan. Sigue tu oficio en la sierra / con tu garlopa bravía / porque tú no podrás ir / y yo te apuesto la vía.

Tumba de Miguiña

En Canillas de Albaida nací,

un lugar junto a la sierra,

y a Vélez-Málaga fui

a vecindarme en su tierra.

Allí tengo mi hospedaje

cuando hago mi regreso

para cambiarme de traje

y darle a mi madre besos.

soy José Martín Ortega

y Miguiñas de apodaje,

un perfecto personaje.

e-mail: axarquiaviva@hotmail.es

Próximamente: “Estampas de mi pasión”

Semana Santa Vélez-Málaga