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II Zoco de Ballix

08/05/2010

Reportaje sobre la segunda edición del Zoco de Ballix


Reportaje fotográfico Pepe Valdés

axarquiaviva@hotmail.es

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Antonio Hidalgo y su obra

Hay artistas en los que se hace innecesario bajar la mirada hasta reconocer la firma en su obra, y éste es el caso de Antonio Hidalgo: su pintura es absolutamente inconfundible, su creatividad admirable y su sello personal inigualable. Los personajes fijados en el lienzo poseen una extraña naturaleza que conecta  enseguida con el espectador, y nos sumerge en ese particular mundo hidalguiano.

Antonio Hidalgo en un collage con sus obras

Hidalgo deforma la realidad habitual, hasta convertirla en una parodia verdadera, en una escena que, en un principio, puede mover a la risa por las pequeñas figuras “muñecos mezcla de dioses y divinidades”, pero que en una reflexión más profunda resulta el verdadero ambiente en el que nos movemos cada día, criticando la sociedad de consumo a la que esos hombres, mitad dioses mitad monigotes veneran o representan estampas costumbristas, más propias de otras épocas, que de la actualidad, aunque la versatilidad de las escenas les confiera perennidad en el tiempo.

Pinceladas de auténtica precisión otorgan al cuadro una textura homogénea, fruto del dominio de los recursos técnicos, que maneja a su antojo. El color que imprime en sus creaciones es siempre un elemento más dentro de esa amplia gama de recursos de los que se vale para estructurar la escena.

Su gracilidad de compostura les hace etéreos en el conjunto y minucioso, casi eternos, en los detalles. Figuras y entornos se unen en una auténtica fusión nuclear pictórica; una unión, desde luego, muy particular que sólo Antonio Hidalgo sabe mostrar con la destreza propia de quién sabe lo que quiere pintar y lo consigue.

Una de las características de la pintura, de esa identidad hidalguiana, es el sentido del humor. Queda patente en la forma de mostrar el mundo aparente en el que nos desenvolvemos; siempre explotando al máximo de sus posibilidades, con esos personajes que miran de frente, invitando a entrar y formar parte del espectáculo grotesco y circense que forman.

Un paisaje idealizado, una realidad esperpéntica pero habitual y unos muñecos entrañables son los elementos de que se vale Antonio Hidalgo para mostrarnos, cual ilustración cómica de viñeta, una cotidianeidad sin disimulos, que primero nos provoca la risa y más tarde nos hace reflexionar sobre la autenticidad de lo que sobre el lienzo se representa.

El arte de Antonio Hidalgo es fundamentalmente festivo. Su extensa carrera expositiva, iniciada en 1971 en su ciudad natal y con más de medio centenar de exposiciones individuales, ha estado siempre caracterizada por desarrollarse en torno a una obra muy lúdica. Pero en cada nueva exposición Hidalgo nos vuelve a sorprender, como si fuera la primera vez que nos acercamos a su trabajo, la magia imponente de sus escenas y su personalísimo acento.

Artista de dibujo premeditadamente ingenuo, nada virtuosista pero muy efectivo, en todas sus piezas prima la inteligencia, pues si Antonio Hidalgo es un creador que pinta desde la imaginación, con una ironía y un sarcasmo de primera magnitud, siempre lo hace desde una cuidada intencionalidad satírica y una sensibilidad indiscutiblemente postmoderna. Su obra resulta todo un festival de imaginación, donde conviven elementos de muy diversa índole.

La imaginación es, por tanto, el territorio por el que circulan las ideas pictóricas de Antonio Hidalgo, quien convierte sus composiciones en ámbitos repletos de magia: paisajes de un colorido violáceo, que rebosan belleza y lirismo, junto a fantásticas escenas que acogen unos personajes fácilmente reconocibles.

Cada una de sus obras narra una acción determinada no trasladable a otro ámbito que no sea la propia superficie de la tela, pues sus cuadros son una suerte de instantánea mágica de su propia imaginación. En ese proceso de revelado que supone transformar lo imaginado en pura forma pictórica, es donde las ocurrencias fantásticas y la calidad de las composiciones se hacen patentes.

Reseña biográfica

Antonio Hidalgo Serralvo nace en Vélez Málaga, en el número 23 de la calle Pozos Dulces el 3 de febrero de 1954, realizando los estudios primarios en la escuela del Reñidero. Desde su más tierna infancia recuerda como copiaba tebeos y modelaba con alquitrán blando y barro de los tejares más cercanos al barrio del Pilar.

Recreaba todos los juguetes, utensilios caseros, herramientas de labranza, y todo aquello que le llamaba la atención: carritos de bueyes, cabras, caballitos de feria, coches, trenes, barquitas de pescadores, etc. Fue de gran trascendencia para su futuro, el regalo que sus padres le hicieron a la edad de 12 años: se trataba de una cajita de colores al óleo, descubriendo así una aventura lúdica y de realización personal.

Conoce al pintor Evaristo Guerra, que le invita a su estudio que por entonces tenía en el barrio de la Villa en Vélez Málaga, y con sus buenos consejos empezó a realizar bodegones al natural y calles típicas del lugar. Trabajó de aprendiz de carpintero y de pintor industrial. Realiza varios cursos de dibujo artístico, estudia grabado calcográfico en la Fundación Rodríguez Acosta en Granada; asiste al curso de grabado realizado por Francisco Aguilar en los cursos de la Universidad de la Axarquía; participa en un curso de grabado impartido por el maestro Óscar Manesi.

Posteriormente conoce a los pintores Paco Hernández y a los artistas de su generación Gallardo, Valdés, Casamayor, Jurado Lorca, Bonilla, Lope, Belda, Lobato, Paco Martín. Reside en Barcelona y Madrid en su juventud, en la década de los 90 viaja por Europa, para tomar contacto con las tendencias de la pintura actual. Más tarde se traslada a Vélez Málaga donde reside actualmente con su familia.

Desde su lugar de residencia prepara exposiciones y todo tipo de trabajos, decorando carrozas para carnavales y cabalgatas de Reyes Magos, diseñando en varias ediciones los escenarios para los mencionados carnavales, y ha realizado alrededor de unos 20 carteles con motivo de eventos folklóricos en Vélez Málaga y su Comarca.

De espíritu inquieto y en su búsqueda constante de nuevas formas de expresión, ha realizado en los últimos tiempos diversas figuras en poliester y esculturas tan conocidas, como la Menina situada en la entrada del Teatro del Carmen de Vélez-Málaga.

e-mail: ahserralvo@hotmail.com


Premios obtenidos:

1969 1º Premio Local de Pintura al aire Libre. Vélez Málaga.

1971 Medalla Exposición Nacional Sala Pueblo. Madrid. Mención de Honor Premio Rioja de Pintura.

1972 Mención de Honor Exposición Provincial. Málaga; Medalla certamen Internacional de Pintura Rápida.

Calella. Barcelona.

1982 Accésit VI Certamen Ciudad Onteniente. Valencia.

1985 Accésit bienal Sevilla – 85; Accésit Bienal Internacional Marbella.

1988 Premio I encuentro de Pintura Joven. Caja A. De Antequera Málaga.

1992 Mención de Honor Bienal de Marbella. Málaga.

1994 2º Premio Real Club Mediterráneo. Málaga. 1º Premio Bacardí. Málaga.

1997 1º Accésit Arte Mínimo. León.

https://axarquiaviva.wordpress.com

axarquiaviva@hotmail.es

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Continuando con los artículos sobre la pintura de nuestra Comarca, nos detenemos hoy en Antonio Valdés, uno de los pintores veleños más reconocido y laureado del panorama contemporáneo, el más influyente y genuino representante de lo que se ha convenido en denominar escuela veleña de pintura.

Juan Antonio Valdés Gutiérrez nace en Vélez-Málaga el primero de noviembre de 1944. Comienza a trabajar de barbero a los doce años y ensoñando aquellos campos y sus casas encaladas, es como  surge su amor por la pintura. Se declara con cierto orgullo de autodidacta, pero siempre mirando de reojo a los clásicos. Durante los años iniciales como pintor participó en numerosos concursos de Educación y Descanso, en los que obtuvo varios primeros premios. En mayo de 1969, La Buena Sombra, convoca su I Certamen de Pintura, y un accésit vino a premiar un cuadro de Valdés, óleo juzgado por la crítica de buena calidad y técnica.

En diciembre de 1970, la Caja de Ahorros provincial de Málaga, acoge en Vélez su muestra pictórica. ” Su dominio de los blancos es maravilloso. Parece que cada pared de estas encaladas y pequeñas casas andaluzas, cobrase vida propia y formase un cuadro por sí sola, pero el conjunto-y he aquí lo extraordinario-sabe componer esa sencillez acogedora y dulce que tan sólo poseen estos bellos rincones de los pueblecillos malagueños”. Por septiembre del 72, Valdés expone de nuevo en la misma Caja “fino y delicado mosaico, casi de realidad cuarteada”, en opinión de Martín Galán.

Pero es el premio de la La galería Lacayí , en mayo de 1975 el que confirma y descubre al artista.  Un modesto barbero cuyo oficio le inspiró el cuadro “Homenajea la barbería”, que le ha valido el primer premio de pintura. Fue este un auténtico certamen nacional, por el alcance, cantidad y calidad de las obras presentadas. Antonio Valdés acababa de
irrumpir seriamente en el panorama de la pintura malagueña. Por ese tiempo le concedieron el primer premio de Andalucía, lo que venía a realzar la marcha ascendente de su pintura.  En febrero de 1976, la III Bienal Nacional de Pintura y Escultura, convocada por la Real Academia de Bellas artes en San Telmo. premia su óleo titulado “El campo”. Después obtendría el Premio “Moreno Carbonero” del Excmo. Ayuntamiento de Málaga y sería finalista de la Beca Picasso en 1977.

Posteriormente marcha a Madrid y causa en los medios artísticos una verdadera sorpresa. La galería Módena acoge la muestra. Conchita Kindelán escribe en Pueblo: “He aquí a este joven pintor, que por primera vez expone en Madrid y nos deja atónitos. Mezcla de sub e hiperrealista. Malagueño, todo el alma, el ángel, el colorido y el arte de esta tierra, están reunidos en su paleta”. El impacto que originan sus telas es inmenso. “Tan real y bella como su pintura, tan inhumana, como todo lo bello y tan conmovedora, como todo lo real, que nos es difícil describirla”.

Otra opinión de García-Viñolas en el mismo diario: “Pintor a ciencia cierta y por derecho. Su saber pintar, que ya es mucho, ha vivido confiado a la gracia de Dios. Pinta, sencilla y sustanciosamente, lo que ven sus ojos. Es posible que sin esa sustancia que hace trascendente la sencillez de su pintura. El paisaje de Valdés se aploma en un realismo limpio que hace poético el sosiego. Un aire diáfono purifica la atmósfera para que todo manifieste su verdad. Su técnica de pintor es solvente y sabe apretar el dibujo para que nada se desencaje en él.”

Expone en junio de 1978 en la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Martín Galán escribió de esta exposición: “Hay una misteriosa e íntima comunicación entre Valdés y el paisaje urbano y los campos que le cercan que, a través de su corazón, pasan al lienzo para ser devueltos al espectador como el eco amoroso y leve de ese paisaje, esos caseríos o esas viejas casonas aristocráticas, con un “no sé qué”, impalpable tan presente en su obra.

En febrero del siguiente año, Valdés presenta su obra en el Palacio Provincial. Una muestra transformada y diferente de quien ha conseguido el rumbo cierto de una manera de hacer.  Sobre todo quisiera destacar que a Valdés se le ha puesto el sol en su obra, lo que tanto dice en su favor; . Este pintor ha superado, como pocos, el cómodo relatar de tejas y casas, de luces y sombras. Atina a entender que, bajo el sol, dentro de los muros hay ese un “no se qué”, algo que vale la pena desvelar. Y esa oscuridad, esa serenidad de los crepúsculos, tiene revelaciones que hacer.

Y otro mundo de nuevas luces y de nuevas sombras, como si fuera posible ir más adentro, aguardando a que se haga una extraña noche de sienas dorados y de transparencias azules, con un velo de cristal catedralicio. Y así parece que cincelara sobre el atardecer, con fondos pardos, el campo y el pueblo. Y que el aire, aquietado en la piedra, labrara los viejos muros. Valdés amansa el paisaje, se le escapa a lo lírico y convierte en alfombra hasta lo áspero. Desarrolla en el tema un surrealimo engreído, despacioso y detallado, con cierta tendencia al símbolo, tan inevitable en nuestros pintores hijos la más de las veces del resumen y de la fantasía.

Antonio Valdés, considerado como el primero en crear una pintura netamente veleña, no renuncia a sus orígenes en las nuevas composiciones; aún al contrario, libre de condicionamientos restrictivos, da un aire moderno, un cierto precursamiento, a sus interpretaciones veleñas. Nadie como él posee tan original visión plástica de Vélez. Martín Galán diría de estos cuadros en Sur: <<Encontramos en estas recientes obras en Valdés sorpresas en técnicas y materias. Efectivamente, hay algo nuevo en su pintura: pequeñas distorsiones, reflejos y desgarraduras, biselados y cortes, dan un aire distinto a la clásica visión de los temas veleños, que sitúan a Antonio Valdés en algo así como precursor y maestro>

Y vuelve a Málaga en una muestra colectiva de escultura y pintura veleña, que tiene como reunión el Centro Artístico Miramar Arte. De los cuadros de Valdés dijimos en nuestra habitual crónica: “A los temas de Antonio Valdés le entran un misterioso aire que se arremolina de su realismo en el muro o en la esquina. Es aquel sin luz reciente, cuando ya se ha hecho tarde y quedan tonalidades a tientas, que convienen, como gamas dormidas, a ese no irse del todo de las luces nuestras. Tiene su obra un Vélez distinto, sin cal ni ocre de tan fácil recurso en el impresionismo al uso. Es la suya, ya evolucionada, una explicación plástica de cómo puede ser la pared, el aire, la tierra, la luz, sin serlos como lo sabemos. Acaso nos sirva para meditar si es la verdadera aristocracia del paisaje”.

Valdés, escribió Rafael Cortés en  Sur, “une a la sencillez y a la gracia de su pintura toda la fuerza de un espíritu creador, de dominio absoluto del dibujo, del que obtiene la riqueza lineal que florece en sus cuadros, en los que hay una profundidad de estudio luminoso y de valoraciones coloristas, ricamente matizadas”. Valdés, en suma, surrealista por su entrañable capacidad de sueño; intimista, por ese querer refugiarse en el crepúculo de tanto amar la tarde; por incluir tanta soledad, por bregar con el misterio, aunque lo busque más que lo posea. Cuando se renuncia, como ese pintor, a las claridades, es que verá otras donde no las ven los demás”.

El profesor de arte, Palomo Díaz, escribió de Antonio Valdés en su trabajo “Pintores veleños y función crítica”. “Su significado aparente es el paisaje urbano. El verdadero es la historia, la historia recóndita de su pueblo. No ve el motivo, lo sueña. Aunque la tabla se pinte a la claridad de Febo-en un alegato contra el seudoimpresionismo que lo amarra al interior del estudio- que requema campos y casas, es Selene la reina de su cosmografía porque la imaginó de noche. Y la luna dejó en sus ojos su huella húmeda y su luz irreal, cernida y sin foco preciso”.

“Los paisajes de Valdés han surgido de un mar que impregnó gotas de agua en tierras y cielos. Brota el agua renovando el mito de la fecundidad, de la sensualidad dormida en paredes y objetos. Las calles y cosas queridas son las mismas de siempre pero el roce y el uso cotidiano las ha convertido en símbolos surreales de la melancolía. Valdés es otro Orfeo que, tras pasar la estigia luna de azogue, nos ha abierto una puerta al más allá, al arcano y al alma”.

Los significantes, conformes a su código, son de un realismo ordenado y armónico a su concepto. Valdés, aunque recoge las calidades decimonónicas del paisaje y las conquistas oníricas posteriores, trabaja como un cuatrocentista, compartimenta simétricamente los espacios en estancias rítmicas, emplea una perpectiva más simbólica que mecánica y huye del toque ligero efectista y de la luz fugaz. Su modernidad se advierte en la ejecución total del cuadro, sin necesidad de bocetos que, con sufrimiento, va surgiendo desde el lienzo imprimado con suavidad hasta el intimismo del resultado final.

 

Antonio Valdés (izquierda) en una reciente exposición en la Galería Maria Soto

 

Aquí finalizamos el recorrido biográfico de su obra, que continuaremos con una visita a su estudio para conocer sus últimos trabajos.

Antonio Valdés en su estudio.

Obra de Valdés para la exposición colectiva sobre la plancha en la galería María Soto de Torre del Mar que se inauguró el 19 de Marzo.

Galería Benedito
“El Sueño”

Exposición colectiva

Del 24 de septiembre del 2010 al 14 de octubre del 2010

correo electrónico:

antvaldesc@hotmail.com

https://axarquiaviva.wordpress.com

axarquiaviva@hotmail.es