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A mí me llaman Miguiña,
Miguiña por mi guiñar.
Todos comen trabajando
y yo como sin trabajar.

José Martin Ortega “Miguiña”, nació el dia 3 de Abril de 1920 en la calle de la estación de Canillas de Albaida. Hijo de José Martin Perez y María Ortega Extremera. Su padre era un hombre que no se sentía a gusto en el pueblo y por ese motivo pensó en mejorar sus condiciones de vida marchando a Cuba para hacer fortuna.

Su madre era de familia acomodada y tenía un gran talento artístico, tocaba la guitarra y dibujaba. Estas inquietudes artísticas las transmitíó a sus hijo. Durante los cinco años que permaneció su padre en Cuba Miguiña, su hermana que era ciega de nacimiento y su madre vivieron en el pueblo al  amparo de sus familiares.

A los siete años viene a vivir a Vélez, con su tío Francisco Martín, que no tenía hijos y poseía una carbonería en la calle Alcantarilla. Asiste al colegio de los padres franciscanos, un colegio de pago, en el que estudian los hijos de las familias pudientes del pueblo. Es en esta época cuando empiezan a aparecer sus primeros problemas de salud, según su hermana porque rezaba demasiado.

Miguiñas, su madre y su hermana

Lo cierto es que tiene algunos episodios nerviosos y comienza a padecer un tic en la cara que seria la causa de sus apodo. Al parecer una churrera que tenia su negocio cerca de la carbonería de su tío cuando lo veía con el tic decia “mira, me guiña, me guiña”.

Al volver sus padre de Cuba se trasladan con la familia al completo a Vélez donde puso tambien una carbonería. En este tiempo ya comienza a ser considerado como una persona peculiar, algo rara.

El padre de Miguiña en Cuba (1º a la izqda)

La guerra civil le sorprende en Vélez con 16 años, cuando finaliza declarado inútil para el servicio militar por sus problemas de salud, malvive de lo que puede: coge chumbos, caracoles, hierba para el ganado, rebusca patatas y va por los pueblos de la Axarquía ofreciendo sus poesías a cambio de la voluntad de los que le escuchan.

Miguiña y su tío

En una época de control politico y social, Miguiña se atreve a contar sucesos poco agradables para los que mandan y a criticar las hipocresías de la sociedad. Es el Miguiñas más provocador tanto en lo que cuenta como en su forma de vestir, con sus largas melenas, su sombrero y su guitarra.

Durante algún tiempo viaja con el circo de los hermanos Palacios por gran parte de Andalucia. Su trabajo consistía en realizar poemas elogiosos sobre las ciudades que visitaban y sobre los espectadores, improvisando versos.

Despues de mucho viajar, regresa a Vélez donde en los años cincuenta se agrava la inestabilidad y sufre un decaimiento. Dice que ha encontrado un tesoro y que el alcalde y los concejales se han quedado con él.

Miguiñas con traje y corbata

Este comportamiento irrita a los dirigentes municipales a los que llama ladrones cada vez que los ve por la calle. Esta situación le acarreó detenciones y palizas que van agravando aún más su estado de salud. Se dice que escribió una carta al mismísimo Franco denunciando los desmanes de los gobernantes municipales. Asi que lo detuvieron, le cortaron el pelo, le pusieron una camisa de fuerza y la guardia civil se lo llevó en el tren rumbo al manicomio de Málaga.

Este que a  mí me ha pelado

es un cabo de Montilla

aquí el primero que pilla

lo deja más pelao

que al palo de una sombrilla.

Dspués del tratamiento en la institución, empeora su estado de salud. Un taxi lo trae desde Málaga para que muera en su casa. El fallecimiento tuvo lugar en su domicilio de la calle Tras casas capitulares nº 13 el día 5 de Septiembre de 1956.

Redacción y textos Antonio Serralvo


Las cosas de Miguiña

por Juan Fernandez Olmo

En cierta ocasión se acercó a unos albañiles ocupados en la construcción de una modesta casita. Estos albañiles, conociendo el material de obra más cercano, le ofrecieron faena al poeta afincado en Vélez, consistente en que les acercara lajillas, justo lo que no había, Miguiña, contrariado porque no encontraba ninguna a mano, les contestó: Juro por mi dios Apolo, / y jurar no es maravilla. / Me encuentro de peón solo, / a mí me piden lajillas / y solamente hallo bolos.

En sus andanzas de Canillas de Albaida hacia la costa era paso y parada obligatoria de descanso Arenas de Daimalos. En el pueblo los vecinos conocían los apuros para sacar adelante su famélico estómago y, entre otras, visitaba la casa de Julia Martín Díaz. Ella tenía una buena piara de cabras y después de la acostumbrada cortesía de ofrecerle asiento, le preguntaba: ¿Miguiña, quieres un tazón de leche? Si, Julia, y si puede ser migado, mejor.

Cada dos por tres se iba la luz y los apagones eran duraderos, hasta el extremo de que un año, por feria, aparecieron en el libro de festejos los ripios siguientes: Cuándo querrá el Dios del cielo / y la Virgen soberana, / de que estemos alumbrados / de la noche a la mañana. Esta situación inestable del alumbrado, motivó que todas las casas arenuscas dispusieran de un “perico” , de poco consumo de aceite,  obra de los lateros, que de una lata de leche condensada confeccionaban los más dispares utensilios. De ahí viene lo de ” eres más apañá que un jarrillo de lata”. Miguiña miró fijamente el tiesto y lo definió de esta manera: Tú eres ancho de boca / y de puntiagudo hocico. / Qué inteligencia tenía / el que te puso perico / buscando la economía.

Miguiña frecuentaba la serrería de Canillas de Albaida buscando lo que podía, y allí tomó por latiguillo que a la llegada del verano iría a Buenos Aires con una carga de chumbos. Trabajaba al cuidado del corte de las maderas, un aficionado al arte de versificar y de tanto oír a Miguiña lo de Buenos Aires, le compuso: Yo dejo de ser quien soy, / si no sigo con mi rumbo / y me marcho este verano, / en barco o en un convoy, / a Buenos Aires con chumbos. La verdad sea dicha, aquello cogió a contrapié a Miguiña, que no esperaba encontrarse de sopetón los pensamientos, más bien guasones, de aquel novato haciéndole competencia. Tras darse un momento de descanso, conteniendo su enfado, en la imposibilidad de que el otro cumpliera la fanfarronada, contestó con un desafío en son de cáscara: ¡Hola!, buen amigo mío, / y amigo de inteligencia. / No vivas tú preocupado / embarque chumbos o peras / y en esos mares se pierdan. Sigue tu oficio en la sierra / con tu garlopa bravía / porque tú no podrás ir / y yo te apuesto la vía.

Tumba de Miguiña

En Canillas de Albaida nací,

un lugar junto a la sierra,

y a Vélez-Málaga fui

a vecindarme en su tierra.

Allí tengo mi hospedaje

cuando hago mi regreso

para cambiarme de traje

y darle a mi madre besos.

soy José Martín Ortega

y Miguiñas de apodaje,

un perfecto personaje.

e-mail: axarquiaviva@hotmail.es

Próximamente: “Estampas de mi pasión”

Semana Santa Vélez-Málaga


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Te veo

Sentado en el muelle

frente a la bahía,

al resguardo

de las tempestades

del oceano de tus ojos,

contemplo como

si la vida

se desplegara

como un mapa

de ignotos lugares

y la rosa de ls vientos

cumpliendo su cometido

de norte y sur

sus destellos señalara.

Sentado en el muelle

de la bahía.

Vida de cangrejo

En el bolsillo izquierdo

de mis actos

guardo, a modo de trastero,

la oscuridad

de mi mirada, esa agua negra

que derramo por lágrimas.

Entre el cielo y la tierra

Guardo los demonios

que me acompañan

desde mi juventud,

los malos momentos

que quiero olvidar

y no puedo,

todas las botellas

vacías de alcohol,

miedo y cobardía

bebidas en la taberna

del tiempo.

De pesca en el espigón

Guardo amigos olvidados

enemigos presentes,

gaviotas caníbales,

todos los chacales azules

de la tuera y la venganza,

imágenes que nunca

debí ver, cuerpos que

nunca debí tocar,

palabras que nunca

debí pronunciar.

grafiti

(…)

En el bolsillo izquierdo

de mis actos

guardo, en vigilia celosa,

toda mi vida.

roqueo

A estas alturas

ya nada me puede

hacer daño, el corazón

anegado de pálidos

recuerdos difusos,

los sentimientos recostados

donde el olvido

se confunde con el horizonte,

y el tacto, la caricia,

los besos, la piel,

hipotecados al usurero

que más interés cobra,

el incombustible tiempo.

Al límite

A estas alturas

ya nada realmente

importa, la mirada

dejó de cotizar

en el mercado de las gaviotas.

Las palabras agonizan

bajo el auspicio

de la hierática historia

y el susurro ha sido secuestrado

por los azules chacales

de las sombras y las tinieblas.

Entrepiedras

A estas alturas

ya nada me puede

hacer daño,

ya nada importa

cuando el sentimiento,

que es hermano del corazón,

está muerto.

Fotografías Pepe Valdés

Poesías de Salvador Cabello Delgado

De su libro: “Sentado en el muelle de la bahía”

Sin consejos, como

gaviota suicida

que hacia el acantilado

se precipita…, que sé

equivocarme solo.


Se que le hubiera alegrado mucho todo esto

In memoriam

Fotografías Pepe Valdés

Axarquíaviva