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En el Palacio del Marqués de Beniel de Vélez-Málaga se nos presenta una interesante exposición sobre la “Historia de la Peseta” que permanecerá abierta al público hasta el próximo 29 de enero. La muestra cuenta con monedas originales que van desde la primera acuñación en el año 1869 hasta la última de 2001.

Estas monedas están expuestas en vitrinas y se complementan con paneles, folletos e información adicional para una mejor comprensión del público y sean reconocidos cada uno de los ejemplares para así comprender mejor la historia y evolución de la peseta española a través de los cuatro períodos históricos en que se divide la exposición.

La primera peseta se acuñó en 1869. Una mujer personificando a Hispania yacía recostada sobre los Pirineos y a sus pies el Peñon de Gibraltar, como una matrona sobre las rocas. En el reverso se reproduce el escudo de España. Se realizaron submúltiplos de 1, 2, 5 y 10 céntimos en bronce. En el reverso un león sostiene el escudo de España.

Con la instauracíon de la monarquía se incluirán en los anversos de las monedas las efigies de los monarcas manteniendo en el reverso el escudo de armas de España, con la adición del escusón de las casas reinantes: la cruz de Saboya en el de Amadeo I, y las lises en las de Alfonso XII y XIII y Juan Carlos I. Además se distinguen la fecha de la disposición que ordena la emisión, y  las fechas de acuñación dentro de unas pequeñas estrellas.

El largo reinado de Alfonso XIII propicia la evolución de su efigie monetal, siendo representado en diversas etapas de su vida. Destacan la de 1890 en que aparece su busto con un año de edad, llamado popularmente pelón, o la emisión de 1905 en la que aparece con uniforme militar a los 14 años, llamada “cadete”.

Al segundo año de la proclamación de la República se acuñan las primeras monedas de este periodo, introduciendo motivos basados en el nuevo régimen. Hasta la Segunda Republica las monedas de una peseta fueron acuñadas en plata, siendo la del año 1933 la última. Ante la pérdida de equivalencia entre el valor intrínseco del metal y el valor nominal, se alteran notablemente las emisiones.

En 1925 se emiten los 25 céntimos de cuproniquel que es la primera moneda con perforación central, y que precederá a la del mismo valor republicana de 1934 y la del bando nacionalista de 1937. Este mismo año nace la peseta de latón, conocida popularmente como “la rubia”, por la melena del retrato femenino, cambiándose el metal por una aleación de cuproniquel de color dorado.

Debido a la necesidad de metal para las fábricas de armamento, empieza a imprimirse la peseta de papel que es una moneda fiducitaria, es decir, se basa en la confianza del portador en que el Estado le reintegrará el valor en metal de esa cantidad.

La llegada al poder del general Franco supondrá un cambio de los tipos representativos, con la incorporación de su retrato a las monedas.. En 1939 el régimen franquista retiró de la circulación las monedas de metales preciosos, acuñando monedas de peseta imitando el diseño de otros paises europeos. Fueron fabricadas desde 1944 hasta 1982 y disfrutaron de curso legal hasta 1997. En esta época debido a la inflación se pusieron en circulación monedas de 25, 50 y 100 pesetas.

A partir de 1940, una vez terminada la guerra civil, y para remediar la escasez de los tipos de monedas, se ordena la emisión de los 5 y 10 céntimos, de aluminio casi puro, conocidos como los del “jinete”. En 1944 aparece la peseta del uno, todavía sin la efigie del dictador.  El primer perfil del general aparece en 1947, y en 1953 se pone en circulación la novedosa moneda de 2,50 pesetas.

La primera peseta franquista está fechada en Burgos en 1938. Franco continuó imprimiendo pesetas en papel durante la posguerra. El último billete de peseta lleva la cara del marqués de Santa Cruz y tiene fecha de 22 de julio de 1953. La última peseta de la era franquista es la de 1966 mostrando al general en edad avanzada. En 1977 fueron retiradas las monedas del régimen.

Con la instauración de la monarquía en 1975 y restablecida la democracia en 1978, se realiza una primera emisión de pesetas  con el rostro del monarca mirando a la izquierda, al contrario de las monedas de Franco, y hasta 1980 se conserva en el reverso el escudo preconstitucional.

En 1980 se pone en circulación la peseta conmemorativa del Mundial de Fútbol celebrado en España en 1982, y se actualiza la relación fiducitaria de la peseta, con monedas de aluminio para abaratar el coste de producción. Empiezan a circular también las monedas de 100 pesetas de cuproniquel, “los veinte duros”, y tambíén monedas de 200 y 500 pesetas.

En 1989 comienza la produccion de pesetas de aluminio de 14 mm de diámetro, una de las monedas más pequeñas del mundo. En 1955 se acuña la moneda de 2000, con escasa circulación y prácticamente reservada a coleccionistas. Las pesetas se seguirán fabricando hasta diciembre de 2001. El adiós a la peseta se inicia con la acuñación de la moneda de uso más cotidiana, la de 100 ptas y la conmemorativa de plata de 2000. Ambas reproducen la imágen de Hispania, que encabezó la primera emisión de 1869.

Estas monedas, que en la actualidad no están en circulación, nos muestran una parte de nuestra historia más reciente, siempre ligada a los acontecimientos del momento de su circulación. Han sido testigos de excepción, medios de expresión y vehículos de ideologías de cada uno de los episodios que conforman la historia de nuestro país.

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Continuando con los artículos sobre la pintura de nuestra Comarca, nos detenemos hoy en Antonio Valdés, uno de los pintores veleños más reconocido y laureado del panorama contemporáneo, el más influyente y genuino representante de lo que se ha convenido en denominar escuela veleña de pintura.

Juan Antonio Valdés Gutiérrez nace en Vélez-Málaga el primero de noviembre de 1944. Comienza a trabajar de barbero a los doce años y ensoñando aquellos campos y sus casas encaladas, es como  surge su amor por la pintura. Se declara con cierto orgullo de autodidacta, pero siempre mirando de reojo a los clásicos. Durante los años iniciales como pintor participó en numerosos concursos de Educación y Descanso, en los que obtuvo varios primeros premios. En mayo de 1969, La Buena Sombra, convoca su I Certamen de Pintura, y un accésit vino a premiar un cuadro de Valdés, óleo juzgado por la crítica de buena calidad y técnica.

En diciembre de 1970, la Caja de Ahorros provincial de Málaga, acoge en Vélez su muestra pictórica. ” Su dominio de los blancos es maravilloso. Parece que cada pared de estas encaladas y pequeñas casas andaluzas, cobrase vida propia y formase un cuadro por sí sola, pero el conjunto-y he aquí lo extraordinario-sabe componer esa sencillez acogedora y dulce que tan sólo poseen estos bellos rincones de los pueblecillos malagueños”. Por septiembre del 72, Valdés expone de nuevo en la misma Caja “fino y delicado mosaico, casi de realidad cuarteada”, en opinión de Martín Galán.

Pero es el premio de la La galería Lacayí , en mayo de 1975 el que confirma y descubre al artista.  Un modesto barbero cuyo oficio le inspiró el cuadro “Homenajea la barbería”, que le ha valido el primer premio de pintura. Fue este un auténtico certamen nacional, por el alcance, cantidad y calidad de las obras presentadas. Antonio Valdés acababa de
irrumpir seriamente en el panorama de la pintura malagueña. Por ese tiempo le concedieron el primer premio de Andalucía, lo que venía a realzar la marcha ascendente de su pintura.  En febrero de 1976, la III Bienal Nacional de Pintura y Escultura, convocada por la Real Academia de Bellas artes en San Telmo. premia su óleo titulado “El campo”. Después obtendría el Premio “Moreno Carbonero” del Excmo. Ayuntamiento de Málaga y sería finalista de la Beca Picasso en 1977.

Posteriormente marcha a Madrid y causa en los medios artísticos una verdadera sorpresa. La galería Módena acoge la muestra. Conchita Kindelán escribe en Pueblo: “He aquí a este joven pintor, que por primera vez expone en Madrid y nos deja atónitos. Mezcla de sub e hiperrealista. Malagueño, todo el alma, el ángel, el colorido y el arte de esta tierra, están reunidos en su paleta”. El impacto que originan sus telas es inmenso. “Tan real y bella como su pintura, tan inhumana, como todo lo bello y tan conmovedora, como todo lo real, que nos es difícil describirla”.

Otra opinión de García-Viñolas en el mismo diario: “Pintor a ciencia cierta y por derecho. Su saber pintar, que ya es mucho, ha vivido confiado a la gracia de Dios. Pinta, sencilla y sustanciosamente, lo que ven sus ojos. Es posible que sin esa sustancia que hace trascendente la sencillez de su pintura. El paisaje de Valdés se aploma en un realismo limpio que hace poético el sosiego. Un aire diáfono purifica la atmósfera para que todo manifieste su verdad. Su técnica de pintor es solvente y sabe apretar el dibujo para que nada se desencaje en él.”

Expone en junio de 1978 en la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Martín Galán escribió de esta exposición: “Hay una misteriosa e íntima comunicación entre Valdés y el paisaje urbano y los campos que le cercan que, a través de su corazón, pasan al lienzo para ser devueltos al espectador como el eco amoroso y leve de ese paisaje, esos caseríos o esas viejas casonas aristocráticas, con un “no sé qué”, impalpable tan presente en su obra.

En febrero del siguiente año, Valdés presenta su obra en el Palacio Provincial. Una muestra transformada y diferente de quien ha conseguido el rumbo cierto de una manera de hacer.  Sobre todo quisiera destacar que a Valdés se le ha puesto el sol en su obra, lo que tanto dice en su favor; . Este pintor ha superado, como pocos, el cómodo relatar de tejas y casas, de luces y sombras. Atina a entender que, bajo el sol, dentro de los muros hay ese un “no se qué”, algo que vale la pena desvelar. Y esa oscuridad, esa serenidad de los crepúsculos, tiene revelaciones que hacer.

Y otro mundo de nuevas luces y de nuevas sombras, como si fuera posible ir más adentro, aguardando a que se haga una extraña noche de sienas dorados y de transparencias azules, con un velo de cristal catedralicio. Y así parece que cincelara sobre el atardecer, con fondos pardos, el campo y el pueblo. Y que el aire, aquietado en la piedra, labrara los viejos muros. Valdés amansa el paisaje, se le escapa a lo lírico y convierte en alfombra hasta lo áspero. Desarrolla en el tema un surrealimo engreído, despacioso y detallado, con cierta tendencia al símbolo, tan inevitable en nuestros pintores hijos la más de las veces del resumen y de la fantasía.

Antonio Valdés, considerado como el primero en crear una pintura netamente veleña, no renuncia a sus orígenes en las nuevas composiciones; aún al contrario, libre de condicionamientos restrictivos, da un aire moderno, un cierto precursamiento, a sus interpretaciones veleñas. Nadie como él posee tan original visión plástica de Vélez. Martín Galán diría de estos cuadros en Sur: <<Encontramos en estas recientes obras en Valdés sorpresas en técnicas y materias. Efectivamente, hay algo nuevo en su pintura: pequeñas distorsiones, reflejos y desgarraduras, biselados y cortes, dan un aire distinto a la clásica visión de los temas veleños, que sitúan a Antonio Valdés en algo así como precursor y maestro>

Y vuelve a Málaga en una muestra colectiva de escultura y pintura veleña, que tiene como reunión el Centro Artístico Miramar Arte. De los cuadros de Valdés dijimos en nuestra habitual crónica: “A los temas de Antonio Valdés le entran un misterioso aire que se arremolina de su realismo en el muro o en la esquina. Es aquel sin luz reciente, cuando ya se ha hecho tarde y quedan tonalidades a tientas, que convienen, como gamas dormidas, a ese no irse del todo de las luces nuestras. Tiene su obra un Vélez distinto, sin cal ni ocre de tan fácil recurso en el impresionismo al uso. Es la suya, ya evolucionada, una explicación plástica de cómo puede ser la pared, el aire, la tierra, la luz, sin serlos como lo sabemos. Acaso nos sirva para meditar si es la verdadera aristocracia del paisaje”.

Valdés, escribió Rafael Cortés en  Sur, “une a la sencillez y a la gracia de su pintura toda la fuerza de un espíritu creador, de dominio absoluto del dibujo, del que obtiene la riqueza lineal que florece en sus cuadros, en los que hay una profundidad de estudio luminoso y de valoraciones coloristas, ricamente matizadas”. Valdés, en suma, surrealista por su entrañable capacidad de sueño; intimista, por ese querer refugiarse en el crepúculo de tanto amar la tarde; por incluir tanta soledad, por bregar con el misterio, aunque lo busque más que lo posea. Cuando se renuncia, como ese pintor, a las claridades, es que verá otras donde no las ven los demás”.

El profesor de arte, Palomo Díaz, escribió de Antonio Valdés en su trabajo “Pintores veleños y función crítica”. “Su significado aparente es el paisaje urbano. El verdadero es la historia, la historia recóndita de su pueblo. No ve el motivo, lo sueña. Aunque la tabla se pinte a la claridad de Febo-en un alegato contra el seudoimpresionismo que lo amarra al interior del estudio- que requema campos y casas, es Selene la reina de su cosmografía porque la imaginó de noche. Y la luna dejó en sus ojos su huella húmeda y su luz irreal, cernida y sin foco preciso”.

“Los paisajes de Valdés han surgido de un mar que impregnó gotas de agua en tierras y cielos. Brota el agua renovando el mito de la fecundidad, de la sensualidad dormida en paredes y objetos. Las calles y cosas queridas son las mismas de siempre pero el roce y el uso cotidiano las ha convertido en símbolos surreales de la melancolía. Valdés es otro Orfeo que, tras pasar la estigia luna de azogue, nos ha abierto una puerta al más allá, al arcano y al alma”.

Los significantes, conformes a su código, son de un realismo ordenado y armónico a su concepto. Valdés, aunque recoge las calidades decimonónicas del paisaje y las conquistas oníricas posteriores, trabaja como un cuatrocentista, compartimenta simétricamente los espacios en estancias rítmicas, emplea una perpectiva más simbólica que mecánica y huye del toque ligero efectista y de la luz fugaz. Su modernidad se advierte en la ejecución total del cuadro, sin necesidad de bocetos que, con sufrimiento, va surgiendo desde el lienzo imprimado con suavidad hasta el intimismo del resultado final.

 

Antonio Valdés (izquierda) en una reciente exposición en la Galería Maria Soto

 

Aquí finalizamos el recorrido biográfico de su obra, que continuaremos con una visita a su estudio para conocer sus últimos trabajos.

Antonio Valdés en su estudio.

Obra de Valdés para la exposición colectiva sobre la plancha en la galería María Soto de Torre del Mar que se inauguró el 19 de Marzo.

Galería Benedito
“El Sueño”

Exposición colectiva

Del 24 de septiembre del 2010 al 14 de octubre del 2010

correo electrónico:

antvaldesc@hotmail.com

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axarquiaviva@hotmail.es

Fotografías Pepe Valdés

Casi milagrosamente pudo representarse este año la octava edición del Belén viviente de Almayate, y lo decimos porque la lluvia dio un respiro al fin tanto la tarde del sábado 2 de Enero en la función nocturna, como la mañana del domingo 3 en la diurna, tras suspenderse la semana anterior la puesta en escena del Belén por el mal tiempo.

La población de Almayate se vuelca en esta fiesta catalogada de singularidad provincial. Casi doscientas personas entre actores ataviados de la época, técnicos,  personal de apoyo, junto a animales y decorados, realizan la puesta en escena , sobre un escenario de 2700 m2 al aire libre, al que se suman 24.000 w. de iluminación y 5.000 w. de sonido, pantallas de videoproyección, diversos efectos especiales y pirotécnicos.

Se estima en casi 2000 personas las que asistieron a la representación de las dos funciones, gentes venidas tanto del término municipal de Vélez-Málaga, al que pertenece Almayate, como desde todos los puntos de la provincia, incluso excursiones procedentes de Granada y Sevilla. La cita se ha convertido en uno de los referentes navideños más multitudinarios de los que se celebran en la Comarca de la Axarquía.

En la jornada del domingo se rindió un merecido homenaje a distintas empresas colaboradoras, y especialmente, la participación desinteresada del Paso de Riogordo, que durante años prestó atuendos y diversos materiales al Belén de Almayate, contribuyendo a su esplendor. El balance de este año es muy positivo, y para el que viene se espera el estreno de nuevo ajuar y mejoras en la escenografía.

En poco más de dos horas de representación podremos revivir aquellos días desde la Anunciación del Arcángel San Gabriel hasta la huída a Egipto de José, María y el Niño Dios. Viajaremos atrás en el tiempo, unos 2.000 años hacia el pueblo de Belén, donde nació Jesús el Hijo de Dios. Se representa dividido en doce actos este espectáculo lleno de magia, música y color que moviliza a toda la población de Almayate en la recuperación de las tradiciones más populares y arraigadas.

Según la Asociación del Belén viviente, Almayate ha sido siempre un lugar que presenta un núcleo central de población junto a otra zona muy diseminada. Esto hacía que sus habitantes necesitaran unos días señalados en el calendario para reunirse y estrechar lazos de convivencia. Esta tradición y costumbre navideña se remonta en el tiempo hasta los años 50.

Antes de la Navidad se comenzaban a reunir grupos formados por un director, un zambombero, un almirez, dos platilleros, dos sonajeros, dos palilleros, un timbre o triángulo y un par de panderetas. Era costumbre en los Belenes de adultos incorporar un niño con ellos al que se les hacía referencia en algún villancico del repertorio.

Tras acabar la faena de todo el día y bien entrada la noche se reunían por sectores los diferentes belenes del pueblo en casa o locales de algunos del Belén. Allá se disponían primeramente a aprenderse las letras de casi quince o veinte villancicos y una vez aprendidas acompasarlas con los instrumentos.

En un principio se realizaban yendo casa por casa ofreciendo el misterio navideño y su historia cantando los villancicos. El cenit de los Belenes era por supuesto el día 24 de Diciembre.  También en la parroquia de Almayate se llegaron a realizar unos belenes vivientes narrados y cantados, escenificando la Historia Sagrada de la Navidad.

El Belén viviente de Almayate ofrece al visitante el increíble resultado de mezclar lo viejo con lo nuevo, las costumbres populares por los belenes rescatada desde las raíces almayateñas más profundas con la cultura del teatro y la música, todo ello aderezado con lo último en medios audiovisuales y la ilusión de un pueblo entero.

Momento final donde los participantes en la representación reciben una cerrada ovación del público asistente.